
Aunque escapa en parte a los criterios de Museos Exclusivos que venimos conociendo en este blog, este matrimonio de artistas, tal vez los más importantes y representativos de Latinoamérica, no podían estar ausentes. En este caso, no son museos en el sentido estricto de la palabra lo que vamos a recorrer, sino simplemente sus dos casas, que aún conservan los objetos y el espíritu tal cual como cuando habitaban sus célebres moradores. Frida y Diego son emblemas de la cultura mexicana.

Por un lado, se encuentra la Casa Azul. Allí, nació la misma Frida, en una casa típicamente mejicana, tanto es así que la artista la pintó de azul – el color de la mejicanidad – tras la muerte de su padre en 1941, en un barrio colonial como el Coyoacán. Allí el matrimonio recibió a Leon Trotski, André Breton, Sergei Eisenstein y María Félix, entre otros. Está abarrotada de objetos cotidianos y personales, como los corsets de Frida – a los que se vio confinada buena parte de su vida, tras un grave accidente siendo muy joven – sus pinceles, sus vestidos tradicionales, el caballete obsequiado por Rockefeller, sus libros, su colección de piezas prehispánicas y de mariposas disecadas. Por supuesto, no faltan cuadros. Finalmente, el sufrido cuerpo de Frida dijo basta en 1954, también en la casa, en el lecho que aún se conserva. Hasta sus cenizas continúan viviendo allí.

En cuanto a las pinturas de Kahlo, se exhiben en la casa algunos de los cuadros que hicieron de ella la gran artista mejicana, como Viva la vida, Frida y la cesárea o Retrato de familia. Frida tuvo una producción limitada: 143 obras, de las que 55 son autorretratos, y buena parte pertenece a colecciones privadas.
De Diego Rivera se conserva correspondencia, escritos, bocetos de sus célebres murales, sus sombreros, también, el retrato que le hizo Modigliani como muestra de la amistad surgida en la época en que el mexicano vivió en París, el cuadro que pintó dos años después de la partida de Frida, que reza “A la niña Friorita Kahlo, la maravillosa… que duerme en cenizas viva en mi corazón”.
En otro post, continuaremos con el estudio de Diego Rivera, cercano a esta casa, y sin embargo muy diferente.
Vía: La Nación
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