

Panamá es uno de los destinos emergentes latinoamericanos que está ganando cada vez más seguidores, algo a lo que en este blog no le he hecho justicia pero prometo que ya se hará. Por ello, la decisión de las autoridades sanitarias de exigir, a partir de noviembre, la colocación de la vacuna contra la fiebre amarilla, trajo voces encontradas, entre quienes priorizan la preservación de la salud de los panameños y entre los operadores turísticos que temen perder esta nueva tendencia, en la que Panamá se está convirtiendo en un centro turístico importante y destacado del continente.
La nueva normativa indica que deberán contar con la inyección al menos diez días antes de viajar, aquellas personas que provengan de los países en riesgo, como así también los residentes que se dirijan a estos lugares.
Para la Organización Mundial de la Salud, las 45 áreas consideradas riesgosas para esta afección infectocontagiosa son la mayoría de los países africanos y entre los latinoamericanos se incluye, además, a Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Trinidad y Tobago y Venezuela.
Los representantes de todos los sectores de la industria turística se han reunido con las autoridades del Ministerio de Salud, para plantear que la medida ya ha provocado cancelaciones en los viajes programados, y que podría afectar seriamente este sector.
La fiebre amarilla, para quienes no sepan exactamente de que se trata, es una enfermedad viral aguda e infecciosa, y es una causa importante de enfermedad hemorrágica en muchos países de África y Sudamérica, a pesar de la existencia de una vacuna efectiva. Es propia de zonas tropicales y húmedas y la transmite el mosquito Aedes aegypti.
Vía: Expreso
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