Momia del LLullaillaco

En la frontera norte de Chile y Argentina, más precisamente en el volcán de Llullaillaco, hace nueve años se realizó un hallazgo que es un verdadero hito para la ciencia y la historia.

Se trata de los cuerpos momificados de tres niños incas, sepultados hace más de 500 años a 6.730 metros, que fueron sacrificados en una ceremonia ritual. Los hallaron en una suerte de fosas cavadas en la roca, sentados con las piernas flexionadas y envueltos en mantas de los más finos tejidos de aquel momento y lugar, formando un paquete funerario. Además, fueron enterrados con un ajuar ritual que incluía vasijas, joyas, adornos y otros objetos, también de los mejores materiales con los que contaban.

Se trata de la tumba más alta de todo el Tawantinsuyo – así denominaban los incas a su imperio – y probablemente del mundo, la más cercana al sol, al que adoraban.

Lo que hace a estas tres momias particularmente increíbles es el perfecto estado de conservación en el que se encuentran, a pesar de los siglos. Las bajas temperaturas del Llullaillaco, con su pico siempre nevado, y la poquísima humedad y composición de los suelos permitieron que tantos años después, los cuerpecitos conserven intactos sus rasgos. Sus vidas fueron ofrendadas a los dioses, tal como se ha confirmado que acostumbraban los incas.

Entre los restos encontrados hay el de un niño y una niña de entre seis y siete años, que se supone eran de familias nobles, y habían sido elegidos para el ritual mucho antes, por las modificaciones que se le realizaron en el cráneo para darle una forma más cónica, conocidos como El Niño y La Niña del Rayo – entre sus ropas y su cuerpo se observaron las quemaduras de la caída de un rayo. También hay otra niña mayor, de unos quince años, llamada La Doncella – una especie de niñera de los otros dos, ya que no tenía el mismo origen aristocrático –. No tenían signos de violencia, y por las investigaciones se concluyó que fueron adormecidos con chicha, un licor de maíz incaico, y luego murieron congelados a la intemperie. Viajaron un año hasta su sepulcro, acompañados de sacerdotes.

Exhibidas en el Museo Arqueológico de Alta Montaña, en la ciudad de Salta (Argentina), se encuentran en cámaras acondicionadas especialmente para continuar con la conservación que tuvieron hasta la fecha. Desde la dirección del museo, se hace especial hincapié en recordar que son restos humanos y por lo tanto merecen un trato respetuoso, por lo que recomiendan silencio y recogimiento.

Visitar a los niños de Llullaillaco es ver al pasado directamente a la cara.Vía: MAAM


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