
Los cruceros nacieron con el concepto de ser verdaderas ciudades flotantes: muchos recordarán el tristemente célebre Titanic, que en los albores del siglo XX supo ser una verdadera ciudad flotante, un transatlántico de lujo que llevaba a bordo el mismo lujo, confort y comodidades que las personas de la alta sociedad solían gozar en sus vidas cotidianas.
El Queen Elizabeth II supo ser una verdadera “reina” dentro de estos colosos del mar. Su leyenda recorrió el mundo como uno de los transatlánticos de lujo más famosos del mundo. En servicio desde 1967, la semana pasada completó su último viaje por los mares de la Tierra, que partió desde Southampton, en Inglaterra. La empresa estadounidense Cunard lo vendió a la empresa pública emiratí Istithmar en noviembre de 2007 por 67 millones de euros.
Su último puerto fue Dubai, donde fue recibido con todos los honores que se merece, que incluyeron al yate “My Dubai”, propiedad del emir de Dubai, el jeque Mohamad Ben Rashed al Maktum, esperándolo para escoltarlo a puerto, y otras muchas embarcaciones similares. El magnánimo A380 de la compañía Emirates sobrevoló el Queen Elizabeth II a baja altitud. En el puerto, las autoridades dubaitíes y el público, recibió a la nave, y los pasajeros de este último viaje también saludaban con banderas británicas y de los Emiratos.
Pero la buena noticia es que no es el fin del Queen Elizabeth II: será reciclado en un lujoso cinco estrellas flotante, y se anclará en los islotes del Palm Jumeirah, ofreciendo así aún otra alternativa más a los viajeros que hasta allí arriben.
Algunas cifras del Queen Elizabeth II: ha recorrido cerca de seis millones de millas náuticas, ha dado 25 vueltas al mundo y atravesado el Atlántico más de 800 veces, transportando en total a más de 2,5 millones de pasajeros.
Vía: AFP
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