El transporte aéreo comercial ha cambiado la vida de la humanidad, de eso no hay quien lo dude. Sin embargo, son muchas las personas que no son capaces de subirse a un avión, viendo sus vidas limitadas significativamente, tanto en aspectos laborales como sociales. Se trata de la aerofobia, el miedo desmedido e irracional a volar.
A pesar de que las estadísticas están del lado de los aviones – indican que es muchísimo más bajo el riesgo de sufrir un accidente aéreo que uno automovilístico, por ejemplo –, sin embargo es una parte importante de la población la que ve limitada su vida al verse impedidos de viajar por este medio.
Las causas de la aerofobia son muchas. Se inscribe dentro de los trastornos de ansiedad. Entre algunas de las razones que empujan a la persona a no querer volar, podemos mencionar otros tipos de fobias que se asocian, como la claustrofobia – miedo a los espacios cerrados – o la agorafobia, que básicamente es el temor a sufrir un ataque de pánico en un lugar público donde no se puede conseguir ayuda con facilidad, o en esta línea también se encuentra la acrofobia o temor a las alturas. También puede ser que la influencia de los medios de comunicación y de la sociedad misma hagan que algunas personas sobreestimen el riesgo de un atentado terrorista – como los de septiembre de 2001 – o también el hecho de pensar en un accidente, con pérdida de la vida.
Algo terrible para quien lo padece es la incomprensión del entorno, que no entiende este miedo tan irracional y sin asidero, lo que aumenta en la persona el sentimiento de culpa, angustiándolo aún más ante esta situación. Todo ello deriva en una repetición de conductas evitativas: la persona hará lo posible por evitar verse en la disyuntiva de soportar un vuelo o hacer el ridículo.
Lo bueno es que tiene solución: sólo hay que encontrar el terapeuta adecuado para cada caso. Las más habituales son las cognitivo-comportamentales y las de desensibilización. Siempre hay que prestar atención al prestigio e idoneidad de los profesionales a los que acudimos, y con alguna terapia, que puede incluir medicamentos debidamente prescriptos, el sueño de volar será otra vez placentero, y no una pesadilla. El mundo volverá a estar a nuestro alcance.
Vía: Wikipedia
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