
Hasta no hace muchos años atrás, pensar en la Antártida como destino turístico era casi ciencia ficción. Los adelantos técnicos y la necesidad de expandir los mercados incorporando nuevos ofrecimientos para los viajeros, han hecho que actualmente, la última temporada se haya roto el récord de 46.000 visitantes. Si bien las estimaciones para el presente año indicarían una baja por la crisis, no menos de 35.000 personas viajarán al continente blanco este año, según datos de la Asociación Internacional de Operadores de Turismo Antártico – IAATO – .
Los ambientalistas sienten alivio con esta disminución, ya que temen por la preservación de los hielos eternos y la biodiversidad, en lo que consideran es uno de los últimos territorios libres de la mano – destructora – del hombre.
Tal parece que el boom turístico de los últimos años puede ser fatal para esta fracción del hemisferio sur, ya bastante vapuleada por el calentamiento global causado por el uso que hacemos de los combustibles fósiles.
Los naufragios, los derramamientos de petróleos y el agravamiento del estrés a la flora y la fauna, y la posibilidad del traslado accidental de esporas, semillas o incluso gérmenes patógenos, son las preocupaciones de los ambientalistas. Exigen de manera urgente la toma de medidas que tiendan a restringir el número de visitantes que puedan llegarse a disfrutar de este lugar tan inhóspito y desolado como cautivante.
Vía: Reuters
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