
A pesar de que este sitio para bucear que les presentaremos no tiene coloridos arrecifes ni numerosos cardúmenes de peces tropicales. Pero los restos del Andrea Doria no dejan de ser un sitio místico para las prácticas submarinas, y considerado el gran desafío por los peligros que alberga.
Este crucero italiano de más de 200 metros de largo se hundió tras colisionar con otra nave una noche neblinosa de 1956, matando a 51 personas y enviando la embarcación a 76 metros bajo las turbulentas aguas que se encuentran a 1.600 kilómetros al este de Long Island.
En este tiempo, se llevó la vida de 15 personas que intentaron develar sus secretos, pero a la vez el deterioro hizo que se fueran abriendo nuevos compartimentos y accesos al interior. Cada año, también, puede ser el último del Doria, ya que llegará un punto en el que implosionará.
Se espera que la erosión natural durante el próximo invierno abra las bodegas, donde se dice que puede haber joyas o botellas de whisky añejadas por más de 50 años, verdaderos tesoros para buzos intrépidos. Otros “trofeos” son la porcelana del salón comedor de la primera clase, y muchos arriesgan sus vidas por encontrarlos.
La sala de máquinas será otra de las áreas nunca vistas antes que quedará al descubierto, ya que el casco de acero se está quebrando en esa zona.
Cuando los buceadores emergen del Doria, deben enfrentar corrientes impredecibles que los pueden llevar a kilómetros de sus botes.
Vïa: NG adventure
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