
Cualquier viajero tiene para contar alguna mala experiencia en taxi. ¿A quien nunca lo timaron en un taxi, en una ciudad ajena a la nuestra? Ni qué decir de los embotellamientos, o de los chóferes maleducados, las barreras idiomáticas y los tipos de cambio. También están los infrecuentes, pero reales asaltos a mano armada, en el que muchas veces el taxista hace las veces de “entregador”. Y en algunos países hubo también casos de secuestros. Así que es casi imposible, al estirar la mano para llamar un coche, no sentir un nudo en el estómago.
Por eso, vamos con algunos consejos para tratar de evitar un mal paseo.
Reconoce un taxi legal de uno que no lo es: a pesar de que las autoridades de cualquier ciudad desean prestar un servicio de transporte urbano que no espante ni a turistas, ni a locales, no hay sitio en el mundo en el que no te puedas topar con taxis ilegítimos. Por más minuciosos que sean los controles, seguramente hay unos cuantos circulando por las calles, así que averigua cuáles son las marcas que te dirán en cuál te estás subiendo.
Conoce el sitio lo mínimo como para evitar ser timado: si no quieres que te den un buen paseo para llevarte al sitio que deseas ir – el cual, desde luego, pagarás –, estudia un poco el plano de la ciudad antes de llegar, y trata de tener referencias para saber al menos hacia donde debes ir.
Averigua la costumbre en cuanto a las propinas: esto implica saber, en moneda local, el valor real de los billetes y monedas – cuánto es mucho, cuánto es poco –, y claro está que si todo el mundo deja algo, te conviene hacerlo si no quieres que el chofer te insulte en un idioma que no conoces.
Sigue el consejo del conserje de tu hotel: ellos sabrán indicarte cuál es la mejor forma de moverte por la ciudad, y podrán llamar coches de su confianza para que te lleven o te busquen a donde desees ir, y desde luego te aconsejarán de la mejor forma.
Vía: Forbes Traveller
Añadir un comentario

