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Una vuelta por el fin del mundo

Una vuelta por el fin del mundo

Los faros son lugares con misterio. El hecho de guiar a los navegantes hacia la costa, la potencia de su luz de penetrar las oscuridades más profundas, les da un halo místico, casi mágico. Son lugares solitarios, desolados. Quizá esa atmósfera enigmática inspiró a Julio Verne para su novela El Faro del Fin del Mundo, que posteriormente sirvió de nombre al bello lugar que hoy conoceremos.

El Faro Les Éclaireurs es el nombre oficial que lleva, pero es más conocido como el Faro del Fin del Mundo. En realidad hay controversias en este sentido. El faro que inspiró a Verne fue el de San Juan de Salvamento, en la isla de los Estados. Éste fue el primer faro de la Argentina, levantado en 1884, el primero en aguas australes. Fue, en efecto, el más austral del mundo hasta 1991, en que se construyó otro en la isla chilena Cabo de Hornos.

Sin embargo, la gente llama Faro del Fin del Mundo a éste, ubicado en el islote noreste del grupo de Les Éclaireurs, en el Canal Beagle, frente a las costas de la Bahía de Ushuaia, en Tierra del Fuego, Argentina.

El faro está hecho de ladrillo, de 11 metros de altura y 3 metros de diámetro. La linterna se halla a 22,5 metros sobre el nivel del mar y emite luz de color blanco y rojo a intervalos de 5 segundos. Tiene un alcance óptico de 7,2 millas náuticas y es alimentada por paneles solares.

De allí en más, sólo lo desconocido. Pasar por allí es estar en los confines de la misma Tierra.

Vía: Wikipedia

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