La gloria y la miseria humanas conviven en el Everest

La gloria y la miseria humanas conviven en el Everest

El Monte Everest es el más alto del mundo, la principal de las siete cimas a la que cualquier escalador desea conquistar no bien se apasiona por esta actividad. Llegar a la cima a 8.844 metros de altura es tocar, casi literalmente, el cielo con las manos. Pero muchos han visto el gran negocio que se esconde tras el desafío personal que implica emprender esta aventura, y con el comercio los grandes vicios de la Humanidad se han hecho un lugar a los pies del colosal monte.

Así, es bueno saber a que atenerse si uno viaja hasta el Himalaya con el fin de llegar a lo más alto del Everest. Esto no significa, desde luego, que el esfuerzo no valga la pena.

El mismo Edmund Hillary, el primero en llegar a la cima hace más de cinco décadas, volvió en 2003 para quedar horrorizado ante el espectáculo: basura en todas partes, una antena para telefonía celular, generadores eléctricos. “Esto no es montañismo”, sentenció lapidario.


Recogeremos la experiencia de Michael Kodas, el periodista que hace cinco años intentó llegar a la cima. Allí, se quedó pasmado al ver que les robaron 10 de las 13 carpas que llevó su equipo, su guía golpeó a la esposa hasta dejarla inconsciente y luego lo amenazó para que no publicase nada de esto. Al mismo tiempo, en otra de las rutas un escalador aficionado moría por haber confiado en un guía falso, que robando fotos de la cima a los turistas y falsificando credenciales, se hizo pasar por profesional, mientras que una vez que su cliente tuvo problemas de salud optó por abandonarlo en las alturas y dejarlo morir.

Al parecer es bastante común el robo de pertenencias, teniendo en cuenta que un tubo de oxígeno equivale en precio al más que el doble de lo que un nepalés promedio gana en un año, y más de cuatro veces de lo que gana un tibetano. Pero no le echemos la culpa a los locales: son los mismos occidentales los que muchas veces hurtan equipamiento esencial para garantizar la supervivencia en las cumbres, como tanques de oxígeno o cuerdas.

En el campamento base no sólo encontramos energía eléctrica, basura y publicidades de ropa deportiva. También hallaremos alcohol, drogas y prostitutas.

De manera que tal vez no sea lo que uno espera, pero eso no quita que subir al Everest siga siendo un sueño sublime, y que en todo caso nos resta reflexionar sobre el rol del ser humano en este tipo de santuarios naturales.

Vía: La Nación

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Acerca de Natalia Vidoz

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