El Caribe africano en Senegal

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A 70 kilómetros al sur de Dakar, en Saly Portudal, encontramos un reducto africano que por su atmósfera relajada pero sobretodo por sus paradisíacas playas, recuerda mucho al Caribe, es por ello que a este rincón de Senegal se lo conoce como el “Caribe africano”, y queda a pocas horas de vuelo de distancia para el viajero español.

Esta propuesta combina muchas cosas: conocer la cultura de un auténtico país africano, estable, seguro y hospitalario, pero también descanar en confortables resorts de playa, aunque no tan explotados turísticamente como otros rincones. Ya hacia fines de noviembre comienzan en estas latitudes a sentirse temperaturas de más de 30 grados en las horas centrales del día, pero luego son mucho más suaves y agradables. También en esa fecha se ha superado la época de lluvias y no abundan los mosquitos.

Las playas tienen arenas doradas y aguas que quizá no son tan transparentes o cálidas como en el Caribe original, pero que invitan sin embargo a darse largos chapuzones. Se encuentran por la zona confortables resorts que imitan las cabañas africanas, y ofrecen régimen de todo incluido, aunque es necesario considerar que no ofrecen bebidas alcohólicas, aunque es posible encontrarlas en bares. Esto se debe a que se trata de un país de mayoría musulmana.

Si lo que desea el viajero es conocer la esencia auténtica africana, conviene salir un poco del resort para entonces sí probar los apetitosos arroces típicos del país (el thiebou djene es la “paella senegalesa”).

También es posible conocer Dakar, que queda a una distancia de entre una y dos horas en función del tráfico. Se trata de una de las urbes africanas más occidentalizadas, con rincones coloridos, mercados callejeros, y un espíritu muy particular.

Otro paseo recomendable es a la isla de Gorée, a unos 20 minutos de trayecto en ferri. Desde este punto, salían barcos negreros a América. Esta isla está considerada Patrimonio de la Humanidad por su simbolismo, por su sencilla y muy colorida arquitectura, y por su belleza natural, una visita por un sitio apacible que vale la pena hacer.

Y también es posible seguir unos minutos más de viaje hacia el norte de Dakar para llegar al extraño lago rosa, que recibe este nombre debido a la rara coloración de sus aguas producto de una cianobacteria que fabrica un pigmento, que le permite sobrevivir en aguas de alta salinidad como estas, similares a las del mar Muerto.

No se puede dejar de mencionar, por último, el parque natural del Delta del Saloum, con una exuberante naturaleza vegetal y animal, para recorrer en barca.

Claro está que sobran los motivos para tener en cuenta este rincón senegalés, para unas vacaciones de playa diferentes.

Vía: El Viajero  -  El País

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Acerca de Natalia Vidoz

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