
Ya hemos comentado en este blog los avatares de quienes al llegar a destino luego de un vuelo, se encuentran con que su equipaje no está, y no consigue respuestas claras al respecto. Pero el colmo de la situación, es lo que le ha ocurrido a este pasajero sevillano, que en el trayecto que lo trajo de regreso de Roma, adonde tuvo una corta estancia con amigos. Es que la silla de ruedas de la que depende para desplazarse, desapareció en algún punto de su trayecto.
Desde luego que no es justo para nadie perder sus pertenencias. Pero en este caso estamos hablando de un objeto fundamental para el desplazamiento de una persona, por lo tanto no se explica cómo no se pone especial cuidado en su traslado.
Al bajar del avión, le dieron una silla que no era la de él. Al realizar el reclamo, se volvió a revisar la bodega, con resultado negativo. El pasajero solicitó que le prestaran una silla provisoriamente, para poder desplazarse, pero no lo hicieron.
Afortunadamente la dolencia que lo aqueja es temporal, lo que le permite recurrir a muletas por tramos cortos. Muy sensato, este hombre se pregunta: ¿qué pasaría si fuera parapléjico o no tuviera ninguna otra opción de desplazarme?, ¿seguiría a día de hoy durmiendo en el aeropuerto?”. La única respuesta posible es la de la indignación. El damnificado agregó: “Perder una maleta no se puede comparar a perder una silla de ruedas, de la que depende actualmente mi movilidad”. Desde el incidente el pasado lunes, la empresa no se ha comunicado con él en ningún momento para manifestarle el seguimiento de los trámites para encontrar su silla, o para ofrecer algún tipo de ayuda.
Pasados 21 días, al darse definitivamente por perdido el objeto Vueling accedería a reponer la silla, comprando una nueva. Pero el dilema del pasajero no pasa por una cuestión económica. “Es un tema de educación y organización”, afirma.
Este caso nos trae a la reflexión el trato que les brindamos como sociedad a las personas con alguna limitación, en particular cuando viajan, ya que tienen todo el derecho del mundo de hacerlo. Muchos sitios del mundo no están pensados para ellos, y poder hacer uso de ciertas instalaciones y servicios se les vuelve una odisea, cuando no tendría que ser así. No hay ninguna necesidad de humillar a una persona bajo ninguna circunstancia, si ya bastante tienen con tener que sobreponerse a cada minuto a la dificultad que les ha tocado, una situación con la cual, afrontar el mundo no es nada fácil.
Vía: El Mundo
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