La Ruta del Peregrino, itinerario prehispánico en Perú

Una nueva ruta turística ubicada al sur de Lima se impone como alternativa para los viajeros que escojan este destino turístico, se trata de la Ruta del Peregrino, un camino que data de épocas prehispánicas.

Esta senda era la que seguían los fieles hace casi dos milenios, pues por allí se accedía al Templo del Sol, en Pachacamac, que era el mayor santuario prehispánico de la costa, en esta región. Los peregrinos seguían la ruta para realizar sus ofrendas al dios Pachacamac. Se trata de un camino a través de un árido terreno, amurallado, con paredes que llegaban a los seis metros en algunos casos. Al final de la senda, se llega a un promontorio rocoso en el templo, para dejar las ofrendas frente al océano Pacífico.

El complejo del templo de Pachacamac tiene más de 460 hectáreas, esta ruta de 1250 metros lleva hasta allí, y eran tantos los que en el pasado la seguían para llegar a adorar al dios, que recibe el nombre de Ruta del Peregrino.

Hasta la llegada del conquistador español en 1532, miles de adoradores llegaban hasta el oráculo del templo, era el centro religioso más importante de esta costa pacífica de lo que hoy es Perú. Este oráculo era muy respetado por personas dentro de todas las clases sociales de los pueblos prehispanos de la región de los Andes.

Dentro de la mitología de aquellos pueblos, Pachacamac era un dios que en voz quechua, la lengua de los incas, su nombre es elocuente, pues significaba “Soberano del mundo”. Además, infundía temor entre los pueblos, pues le atribuían el poder de hacer temblar la tierra – probable explicación que encontraban a fenómenos sismológicos –

“El objetivo de la Ruta del Peregrino es que los visitantes recorran a pie los pasadizos del santuario y tengan la misma sensación de los peregrinos que siglos atrás participaban de los rituales y festines en las plazas del centro ceremonial”, señala la directora del museo que acoge esta ruta y las ruinas del templo.

Sin embargo, la ubicación de estas ruinas tan importantes no es sencilla. Emplazadas unos 25 kilómetros al sur de la capital del Perú, lindan por un lado con villas miserias – chabolas o asentamientos de viviendas precarias –y por el otro, con tierras de hacendados que quieren ampliar sus dominios a costa de este magnífico patrimonio cultural.

El camino era amplio y estaba rodeado de murallas para poder controlar a los peregrinos. Pero esta fascinante estructura cuenta también con unas siete pirámides a lo largo de la senda, con rampas con las que se conectaban mediante pasajes hasta llegar al Templo. En todas las edificaciones es posible encontrar los antiguos dibujos de pájaros, peces y otros, realizados por aquellos pobladores prehispanos.

Una vez llegados a destinos, es posible ver en el horizonte del mar dos islas, que aparentan la forma de una mujer recostada con un niño, a partir de ellas se relata una antigua leyenda inca.

Cabe decir también que esta Ruta del Peregrino en Pachacamac formaba parte del Qhapaq Ñan, como se denominaba en la lengua originaria al camino que recorrían en el imperio inca desde su capital Cusco en el sureste andino de Perú.

Vía: Terra

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Acerca de Natalia Vidoz

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