Un convento de la capital lusa acoge el Museo Nacional del Azulejo, establecimiento que da cuenta de la historia arquitectónica y cultural de Portugal, a partir de que se trata de un elemento sumamente presente a lo largo de su historia, y en sus monumentos.
Es así que en Lisboa, en Porto y en muchas ciudades del país es fácil descubrir los azulejos en muchas fachadas de edificios, algunos anónimos, otros considerados monumentos, también en el interior de iglesias, en estaciones de tren o metro, en casonas y palacios.
Pero en el convento Madre de Deus – en la parroquia de Xabregas, junto al puerto – es posible ver su evolución a lo largo del tiempo, y apreciar una colección que reúne varias decenas de miles de piezas. Y es el “Panorama de Lisboa”, panel de 23 metros de largo que representa una panorámica de la capital portuguesa previa al terremoto de 1755, la obra más preciada. Ya se lucía en el palacio de los condes de Tentúgal en 1701.
Esta enorme colección de azulejos comenzó a gestarse a finales del siglo XIX, con 73.000 azulejos recuperados de antiguas iglesias y palacios de la aristocracia portuguesa, como el Palacio Calhariz de Lisboa y los conventos de Grilas, San Alberto y Santa Ana.
Algunas de las obras que recupera este museo son “Retablo de Nossa Senhora da Vida” (1580), la “Historia do Chapeleiro Antonio Joaquim Carneiro” (1800) o la “Lección de danza” del holandés Willem van der Kloet (1698). Hasta la cafetería del museo cuenta con mayólicas del siglo XIX que decoraban una cocina palaciega y una panadería de Lisboa. También hay azulejos asiáticos, americanos, y el infaltable arte árabe.
Asimismo, el convento es uno de los exponentes más destacables del barroco portugués, y su particular diseño incluye estilos variados como el gótico, el manuelino, o el rococó del siglo XVIII. Cuenta con iglesia, capilla, sacristía, claustros y coro, donde sobresalen el dorado de las tallas y maderas preciosas, las pinturas al óleo y los azulejos que muestran imágenes religiosas.
Aseguran, por último, que “quien no visitó el Museo Nacional del Azulejo realmente no estuvo en Portugal”. Por ello, si puedes visitarlo, seguramente no te arrepentirás.
Vía: Clarín Viajes
-
http://turismocomunidadvalenciana.info/ Marcos