Holanda, y más precisamente su capital Ámsterdam, es un sitio lleno de rincones maravillosos, donde como viajeros a cada paso descubrimos miles de cosas interesantes. Pero algo que ha atraído a muchos turistas a visitarla, es sin dudas sus laxas leyes respecto al uso de estupefacientes, ya que la legislación de este país no condenan el consumo de drogas. Por ello, no pocas personas se han dirigido allí en el pasado, para poder experimentar con toda clase de sustancias, incluidos los hongos alucinógenos.
Pero esos días han llegado a su fin. Desde hace algún tiempo este país ha decidido limpiar su imagen, y ha endurecido la normativa respecto a este tipo de actividades. Así, por ejemplo, se tiene previsto cerrar las cafeterías que venden marihuana cerca de las escuelas, mientras que también se prohibió el consumo de alcohol y tabaco en los bares.
El último paso en este sentido, ha sido prohibir la venta de hongos frescos alucinógenos, ya que la venta del producto disecado está penada hace años. A partir de ahora, quienes comercien con estas setas mágicas, podrán purgar condenas de hasta 4 años de prisión.
Entre los hechos que han llevado a las autoridades a tomar esta medida, está el caso de una joven francesa, que en 2007 se arrojó de un puente y murió, en pleno trance provocado por la ingesta. Los llamados a servicios de emergencias por incidentes relacionados a esta práctica, también han aumentado durante años.
El ingrediente activo de los hongos mágicos es la psilocibina. Sus efectos duran hasta seis horas y pueden incluir náuseas, vómitos, debilidad muscular y sopor en los primeros momentos posteriores a su consumo. El efecto a nivel de la perepción de la psilocibina incluyen alucinaciones e incapacidad para discernir entre la fantasía y la realidad. Si el usuario consume dosis elevadas, puede causar psicosis, según el Centro Nacional de Inteligencia Farmacológica del Departamento de Justicia. Entre los defensores del uso de los hongos mágicos, se dice que los ayuda espiritualmente, para el autoconocimiento y la meditación.
Así, va llegando a su fin la leyenda de una Ámsterdam donde todo vale, que supo ser la meca de los excesos.
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