
Lo primero que pensamos cuando nos enteramos que una zona está siendo abatida por un terremoto es en las potenciales víctimas, que si logran salvar milagrosamente sus vidas, muchas veces pierden todo lo que les pertenecen.
Pero una vez que estas urgencias pasan, otro asunto se pone en cuestión: los sitios históricos, las reliquias sepultadas bajo los escombros. L’Aquila, la capital medieval de los Abruzzos, al noreste de Roma es uno de estos casos.
Esta ciudad fue el epicentro de un terremoto de 6,3 puntos de magnitud. Buena parte de su patrimonio de arte gótico, romano y renacentista ahora se ha ido para siempre. La basílica románica de Sta. María de Collemaggio (donde fue coronado y enterrado el Papa Celestino V), se ha quebrado y parte de la nave ha colapsado. Otra cúpula de una iglesia del siglo XVII, la Chiesa delle Anime Sante, también se ha caído, y lo mismo ha ocurrido con el campanario de la basílica de San Bernardino da Siena. Uno de sus cinco portales, el Porta Napoli, construido en honor Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, se ha perdido para siempre.
El Museo Nacional de Abruzzo, emplazado en un castillo del siglo XVI, ha perdido su tercer piso y aún no se ha podido ingresar para evaluar los daños.
Vía: National Geographic
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