Calles de PompeyaPompeya fue una de las ciudades más prominentes de la antigüedad. A 26 kilómetros de Nápoles, en el sur de Italia y ubicada a los pies del Vesubio, fue el mismo volcán el que la vio crecer y el que le quitó la vida. Una erupción en el año 79 la dejó sepultada bajo las cenizas, aunque no para siempre. En 1748 fue redescubierta bajo los sedimentos del suelo, encontrando una cultura muy desarrollada y rica, en excelente estado de conservación.

Las investigaciones han llevado a determinar que, al momento del sismo, se estaban realizando obras para reparar los daños causados por otro anterior, en el año 62.

Las ruinas de Pompeya tienen la característica de ser una verdadera instantánea de la Antigüedad, y de cómo era una atípica ciudad del Imperio Romano. Efectivamente, la virulencia de la erupción no dio tiempo a muchos habitantes a guarecerse, por lo tanto todo quedó tal como era en un día cotidiano en Pompeya.

Se destacan los frescos hallados en los muros, una muestra del arte de la época, como así también de la planificación urbana, que aunque no era de un plano regular – las alteraciones del terreno no lo permitían – si tenía el diseño de grilla cuadrangular, son su cardo (calle principal de norte a sur) y su decumano (calle principal de este a oeste). Los diseños con mosaicos – en pisos, paredes y techos – también son de una belleza exquisita.Víctimas del Vesubio

El Foro, de máxima importancia por ser el centro de la vida pública – en lo político, lo religioso y lo económico – con su piso revestido en piedra travertina, parece estar inspirado más en un modelo griego que en uno romano, una curiosidad. También se encontró el baño público, tan popular entre los romanos, con un complejo sistema de calefacción, y secciones de aguas y hasta de aires en distintas temperaturas.

La Villa de los Misterios, una edificación suburbana, merece párrafo aparte por su colección pictórica, como así también por su diseño arquitectónico y su refinada decoración.

Uno de los hallazgos más asombrosos, es el que tuvo en 1860 Giuseppe Fiorelli, un arqueólogo que, al darse cuenta que iba desenterrando el hueco dejado por cuerpos humanos en las cenizas, comenzó a llenarlos con yeso, descubriendo así verdaderas estatuas vivientes, donde los rasgos del último segundo de vida de estas personas es recreado con increíble fidelidad.

Todas las dependencias de la ciudad han logrado conservarse para llegar hasta nuestros días, dándonos a quienes vivimos en esta era, la posibilidad de leer, como en un libro abierto, todo acerca de las costumbres y los modos de vida de los antiguos pompeyanos.

Vía: Wikipedia

Categorias: Europa

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