El Monasterio de Piedra, una joya natural, cultural e histórica

En este artículo os quiero comentar mi experiencia en el Monasterio de Piedra, un lugar enmarcado en la comarca de Calatayud, concretamente en el pueblo de Nuévalos. El parque natural del Monasterio de Piedra es un lugar mágico rodeado de cascadas, lagos y saltos de agua espectaculares, que aparece como por encanto, en medio de una de las sierras más escarpadas y áridas del sistema ibérico.

El pasado fin de semana hicimos uso de la invitación que nos habían hecho desde el Monasterio de Piedra, para alojarnos en el hotel y descubrir las maravillas que esconde este sitio idílico cargado de historia. Nos desplazamos desde Valencia en coche realizando un trayecto de 3 horas por tierras secas, que no hacían presagiar para nada lo que estábamos a punto de descubrir.

Una vez llegados al Monasterio de Piedra, que data del S.XIII, observamos se ha reconvertido en un confortable y completo hotel que cuenta con 62 habitaciones y una extensa gama de comodidades que están a la altura de los grandes hoteles.

Monasterio de Piedra, naturaleza en estado puro

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Sin duda alguna, el atractivo más potente de toda la visita es el parque natural, que desde 1945 es declarado Paraje Pintoresco Nacional. Se trata de un lugar perfecto para evadirse, debido a la tranquilidad que reina en sus bosques y el clima de meditación y paz que aún conserva el monasterio. El parque está abierto desde las 9:00 hasta las 20:00 horas, en su horario estival, aunque la salida puede efectuarse más tarde, teniendo en cuenta la hora de la puesta del sol puesto que no existe luz artificial en el lugar. Los precios de la visita oscilan entre los 11 (para niños de entre 4 y 12 años y para mayores de 65 años) y los 15.5 euros (para adultos), e incluye una exhibición de aves rapaces y una visita guiada al Monasterio Cisterciense. En el caso de alojarse en el hotel, como fue nuestro caso, las entradas están incluidas con la reserva.

La visita por el parque dura aproximadamente unas dos horas y media a paso ligero, aunque mi recomendación personal es tomarse un mínimo de 4 horas para hacer la visita tranquilamente, sentándose en cualquiera de los bucólicos bancos de madera que hay por todo el recorrido, porque es una experiencia única que disfrutar y cualquier pequeño rincón evoca emociones en las que vale la pena recrearse.

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Durante todo el recorrido se pueden disfrutar de increíble vistas y paisajes, en los que el agua ha ido creando impresionantes casacas y saltos de agua y modelando la piedra a su antojo, creando grutas de una indudable belleza. Tres de las cascadas más impresionantes son El Baño de Diana, la Cascada Trinidad y La Caprichosa, que son visibles prácticamente al principio del recorrido.

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 La gruta más conocida del parque es la Gruta Iris, que conecta con la cascada de mayor altura del parque, la cascada Cola de Caballo, que tiene una altura de 50 metros. Lo único que hay que tener en cuenta es que es inevitable mojarse un poco para atravesarla, pero en estas fechas no viene nada mal un pequeño refrescón. Un paisaje que vale la pena ver una vez en la vida.

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Un último monumento natural que merece la pena contemplar durante la visita guiada es el Lago del Espejo, que recibe ese nombre porque sus aguas son tan transparentes que casi se refleja la superficie a modo de espejo. El Lago del Espejo es una de las zonas del parque con mayor diversidad natural y conforma un paisaje absolutamente mágico.

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Pero más allá de estos sitios emblemáticos del parque quiero destacar por encima de todo, que no es meramente un lugar en el que 5 o 6 cosas preciosas que ver, es muchísimo más que eso. Sin duda, es uno de los entornos naturales más espectaculares de España, desde la entrada al parque al momento de la salida te envuelve una atmósfera de tranquilidad, de confort y de embelesamiento imposible de explicar si no se vive la experiencia.

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Monasterio de Piedra, un pedazo de historia aragonesa

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Como hemos comentado, la entrada al parque natural se complementa con la visita al Monasterio Cisterciense. Los horarios para la visita guiada son de 10:00 a 13:00 por la mañana y de 15:00 a 19:00 por la tarde, las únicas visitas con horario fijo son las de las 13:00 y las 19:00, las demás varían en función de la actividad diaria.

La visita al Monasterio comienza por el claustro, que es el original del monasterio, del S.XIII. En el subtítulo decimos que el Monasterio de Piedra e un pedazo de historia aragonesa, y no nos equivocamos. El monasterio comenzó a fraguarse a finales del S.XII, pero hasta 1218, los doce monjes cistercienses que habían abandonado el Monasterio de Poblet para instalarse en el Castillo de Piedra Vieja, decidieron ocupar las dependencias del Monasterio.

En 2018 se producirá un hito importante para toda la comarca y para Aragón, pues se cumplirán 800 años de historia de todo el enclave histórico. Los monjes estuvieron instalados en el monasterio hasta bien entrada la segunda mitad del S.XIX, cuando a raíz de la famosa desamortización de Mendizábal, el empresario catalán Pablo Muntadas Campeny adquirió el monasterio y las fincas a su alrededor. Años más tarde, su hijo Juan Federico Muntadas inició una remodelación paisajística de la zona y comenzó con la actividad industrial textil basada en principios de respeto por el entorno y sostenibilidad.

Como homenaje a su figura, en el parque podemos contemplar un busto en su honor. Ya desde el S.XIX, el Monasterio de Piedra comenzó a consolidarse como un destino turístico y de generación de recursos importantes para toda la comarca de Calatayud.

Durante la visita al monasterio pudimos contemplar el claustro, el reflectorio, el calefactorio y la sala capitular y por supuesto, dar una vuelta por los alrededores para contemplar el maravilloso estilo arquitectónico de sus muros, que todavía hoy se mantienen en pie a pesar de los numerosos espolios y saqueos que ha sufrido durante los años de abandono. En este escenario celebran eventos como bodas y no es de extrañar porque la atmósfera del lugar es única.

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Para finalizar la visita al Monasterio entramos en el Museo del Vino, la comarca de Calatayud posee una denominación de origen propia. En esta zona se pueden degustar algunos de los mejores caldos de España y en este museo se puede conocer de primera mano cómo era el proceso de producción del vino en los tiempos en que los monjes lo producían. Otra de las curiosidades que encontramos al final de la visita es la cocina que utilizaban los monjes, ennegrecida por la mala ventilación que tenía, y en la que se cocinó la primera taza de chocolate de Europa; así se explica la gran tradición chocolatera de la Orden Cisterciense.

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La estancia en el Hotel Monasterio

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Lo primero a destacar es la amabilidad y la atención del personal de recepción, porque te explican con todo detalle la situación de cada rincón del Monasterio y los horarios en los que se pueden hacer uso de ellos, y te resuelven cualquier duda que puedas tener, cosa de agradecer en un sitio en las que hay tantas cosas que disfrutar. El check-in se realiza a partir de las 14:00 y las entradas, válidas para el parque y la visita al Monasterio, se entregan en el momento que nos otorgan la habitación y nos dan la llave.

Como he comentado anteriormente el hotel cuenta con 62 habitaciones, nosotros nos alojamos en una Doble Superior, que nos sorprendió porque era muy espaciosa, además de contar con una terraza con vistas al parque y con un amplio baño. La decoración es elegante y de estilo aragonés, no podía ser de otra manera en unas estancias con tanta historia; y cuenta con todas las comodidades. El único pero que le podría poner es que no cuenta con WiFi en las habitaciones y la cobertura de datos no es muy alta, pero es totalmente entendible porque transmitir la señal entre los muros de un Monasterio debe ser complicado; sin embargo si hay conexión WiFi disponible en recepción (que cuentan con unos sofás muy cómodos), en la cafetería y en el salón Don Gaufrido de la tercera planta.

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Otro de los sitios a destacar es el Spa, que cuenta con diferentes espacios con una arquitectura mágica que invitan al relax desde el primer instante. La carta de tratamientos es de lo más variada y estoy convencido que cada persona encontrará el ideal para ella. El hotel también cuenta con una tranquila piscina exterior, rodeada por el parque natural, lo que hace de ella el sitio perfecto para relajarse en los días más calurosos, escuchando los sonidos de las cascadas y de los pájaros que allí habitan.

Lo último que me queda comentar de nuestra estancia es el restaurante Reyes de Aragón, nosotros estábamos alojados en régimen de media pensión, por lo que cenamos y desayunamos. La cena contaba con un menú con 3 entrantes para compartir, 4 principales a elegir y 3 postres a elegir también, todos eran platos de comida nacional y aragonesa, con 2 opciones de carne y 2 de pescado. Hay que decir que cenamos muy bien, la calidad de la comida está acorde a las comodidades del hotel.  En cuanto al desayuno, fue un desayuno tipo buffet con gran variedad de productos.

Nuestra experiencia fue muy positiva y seguro que volveremos otra vez, lo más destacable de la estancia, además del confort, es el clima de tranquilidad que se respira en todas las ubicaciones del hotel, es como si el espíritu del Monasterio invadiera a los huéspedes y sacara su lado más calmado a la luz.

En definitiva, el Monasterio de Piedra es un lugar altamente recomendable en todas sus vertientes, el clima de paz que se vive en esta zona aragonesa lo convierten en un destino obligado para pasar un fin de semana de relajación y tranquilidad en un enclave único.

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Acerca de Juanma

Buscador de sitios con encanto.
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