
El Viejo continente está cruzado por muchos ríos, lo que lo hace particularmente apto para realizar un crucero fluvial. Con un ambiente mucho más intimistas que el de los grandes transatlánticos, el fin de estos recorridos es el de la practicidad: empacas y desempacas una sola vez, y mientras recorres varias ciudades.
Lejos está de las intenciones de estas embarcaciones ser verdaderas “ciudades flotantes” como los cruceros marinos. El foco definitivamente está puesto en los paseos por los distintos sitios en los que va atracando.









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