
En esta hermosa ciudad de Bavaria – a unos 90 kilómetros de Munich–, será posible ser testigo de una representación que se viene realizando desde hace siglos, y que rememora nada menos que la Pasión de Cristo, pero es la Pasión de Oberammergau.
En el siglo XVII la peste había diezmado considerablemente la población de Oberammergau. Ante el dantesco cuadro, los pobladores realizaron una promesa al Señor: cada diez años, realizarían una recreación de la Pasión de Cristo completa, hasta finalizar en la Resurrección. La particularidad es que los actores son los mismos habitantes, ya que nadie que no haya nacido allí, o vivido por al menos 20 años puede participar como de la representación.
Toda la población participa, ya sea actuando, cosiendo los trajes o armando escenografías. No se permiten las películas, de manera tal que un año antes se designan los roles, y entonces hay quienes dejan crecer sus cabellos y barbas para el rol.
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El castillo de Hohenschwangau guarda estrecha relación con el castillo de Neuschwanstein que conocimos hace poco, pero si el otro era un lugar de fantasías y de cuentos, éste es una verdadera fortaleza, y la casa en la que Luis II de Baviera – quien mandó a construir Neuschwanstein – pasó la infancia. La traducción de su nombre es Castillo del Gran Condado del Cisne, y es obra de Maximiliano II, padre de Luis. Se encuentra en el pueblo de Schwangau, cerca de la ciudad de Füssen – al sudoeste de Baviera, cerca de la frontera austríaca.
El emplazamiento de este castillo fue originalmente ocupado por una antigua fortaleza, la de Schwanstein, del siglo XII, perteneciente a una familia de caballeros hasta el siglo XVI, donde cambió de dueños. Lamentablemente, el sucesivo pase de mano en mano y la falta de mantenimiento hicieron que este edificio original estuviera casi derruido a principios del XIX.
El rey Maximiliano II se enamoró del entorno alpino espectacular del lugar, y decidió erigir allí su propio castillo. Así nació Hohenschwangau. Su arquitecto fue Doménico Quaglio, quien utilizó para su diseño los fundamentos del neogótico. Fue residencia de veraneo y caza de la familia real. Los reyes vivían en la parte principal del castillo, mientras que sus hijos lo hacían en una adyacente.
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El Castillo de Neuschwaistein, ubicado en Baviera, Alemania, es un palacio de cuentos de hadas pero existe de verdad. De por sí, la traducción de su nombre significa Nueva Piedra del Cisne, lo que le da un carácter romántico que se repite en su historia, sus salones y su espíritu. Fue erigido por Luis II de Baviera en 1866.
De hecho, la idea de su construcción fue satisfacer un capricho de pequeño del monarca, que deseaba fervientemente poseer un castillo igual al de los cuentos de hadas que solía leer cuando niño. Para la época de su construcción ya no era necesario contar con fortalezas defensivas, pero sin embargo el diseño quiso emular los antiguos palacios medievales. El castillo armoniza perfectamente con el paisaje que lo circunda: las torres parecen parte del paisaje natural de lagos, verdes praderas y montañas. La idea que simboliza es la de un cisne que sale del lago, a cuyas orillas se levanta altivo el castillo.
Está situado a cuatro kilómetros de Füssen, elevado sobre un peñasco de difícil acceso.
La edificación fue realizada sólo con obreros y materiales bávaros, tal como lo dispuso el rey, lo que fomentó el desarrollo de uno de los mayores enclaves industriales de Alemania. A pesar de ser salido de sus fantasías de cuentos de hadas, el castillo contaba con todos los adelantos tecnológicos de la época.
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