Los trotamundos deben de lidiar con una incomoda cuestión, es especial cuando recorren distancias largas. Se trata del jet lag, también denominada por la comunidad médica descompensación horaria, disritmia circadiana o síndrome de los husos horarios.
Al atravesar diferentes regiones horarias se produce un desequilibrio en el “reloj interno” – las hormonas que segrega el sistema endocrino, que regulan el sueño y la vigilia –, al tener que adaptarse a un ritmo de horarios diferente. Este delicado equilibrio es muy fácil de quebrantar, ya que hasta la simple percepción de las retinas de la luz del sol o de la oscuridad influye en el perfecto sistema.
En general, los síntomas varían de acuerdo al rumbo que tomemos. Si vamos hacia el este, nos costará conciliar el sueño por las noches, y si vamos hacia el oeste, estaremos somnolientos durante todo el día. El síntoma más frecuente es el de sentirnos terriblemente fatigados, al no poder procesar adecuadamente las horas de descanso, obteniendo un sueño de mala calidad. En algunos casos, también aparecen molestias gastrointestinales, falta de memoria, apatía, confusión.
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